La comida como recompensa PDF Imprimir E-mail
Lunes, 03 de Junio de 2013 11:00 | Escrito por Supervisor

 

Si te comes la verdura, podrás tomar el postre”... ¿Te suena familiar? ¡Pues ya no la apliques! Porque según estudios de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, este método incrementa las preferencias hacia los postres... razonable, desde mi perspectiva, puesto que el mensaje sicológico es: “lo bueno viene después”. Y es que los niños son muy lógicos. Entonces piensan: “Me están ofreciendo un premio por tomar la verdura. Luego, la verdura debe ser algo intrínsecamente malo”.
Hay que tener mucho cuidado con ese tipo de mensajes, porque nuestro entorno es paradójico. Se anuncia un pastelito y, en chiquito y bajito, dicen “come frutas y verduras”. Entonces se crea un mensaje donde el consumo queda muy lejos de esa ingesta recomendada. Probablemente todo derive del miedo que tenemos hacia el rechazo que nuestros hijos puedan tener hacia la comida. Pero aquí hay dos errores. El primero, y más grave, es el miedo. Porque es lo contrario al amor. La educación que inculquemos en nuestros hijos debe basarse en el amor y no el temor. El segundo, es el de asumir. ¿Estás seguro de que no les va a gustar? Creo que a veces razonamos sobre cuestiones que ni siquiera existen.
Nuestro objetivo es forjar hábitos alimenticios sanos en nuestros hijos. Entonces la alimentación, al igual que la escuela, o dar “las gracias”, es una responsabilidad... una obligación. ¡Hasta un reflejo! Habrá que reflexionar ¿cómo mandamos a nuestros hijos a la escuela? Bueno, pues les decimos que tienen que estudiar para que, cuando sean grandes, puedan cumplir todos sus sueños, con conocimiento. Ellos te entienden y se van felices. Además, cuando regresan, después de haber aprendido a decir “red” —rojo—, se rayan y tú lo presumes. Lo mismo con la comida. “¡Mi hijo es muy gourmet y le encanta el brócoli!” Y esa misma técnica la puedes aplicar para que prueben algo nuevo. “Tu paladar es exquisito y seguramente te va a fascinar el betabel”. Así, la recompensa no es el postre, es tu reconocimiento.
En esta misma línea, otros investigadores aducen que este tipo de prácticas puede inducir al niño a comer más verdura o fruta a corto plazo. El problema son los intentos de control. Los efectos son negativos sobre la calidad de la dieta de los niños. Según el entorno y el tipo de premio se puede conseguir que los niños coman mejor. Las recompensas tienen que ser verbales en lugar de tangibles. “Estoy orgullosa de ti” o “me haces muy feliz cuando comes tantos colores, ¡seguramente se va a formar un arco iris en tu panza!”
El mejor método para estimular la atracción por las espinacas, higos, la zanahoria o el huevo y hasta el picante, es el de la exposición diaria. Es decir, ofrecer un plato o una guarnición vegetal cada día en alguna ingesta. Así lo aseguran expertos del Cancer Research UK Health Behavior Unit, del Departamento de Epidemiología y Salud Pública de la University College of London. Según estos investigadores, la invitación repetida a que el niño pruebe una pequeña cantidad de la comida o el alimento que según tú, no le gusta y que rechaza, sin poner gran énfasis en la cantidad que coma, es una buena estrategia para promover el gusto por ese alimento o un plato determinado.
¡Paciencia! Nosotros somos los adultos. Y sabemos, por experiencia, que la repetición se hace costumbre. No sucumbas en el intento. El efecto ante la exposición asidua de un alimento, funciona. Limitar no es técnica. Proponer sí lo es.
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@DoreFerriz

2012-08-19 00:31:00

 

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/

 

 

 

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